Especies de oficios

“Hermanita ven conmigo
hay aviones cada hora
isla del encanto
me voy!

Donde no hay sufrimiento
me vieron pasar por la calle
isla del encanto
me voy!”

Pixies

Durante los años que llevamos desarrollando nuestra labor de antropólogos (¿es que hay alguien que no sea un antropólogo aficionado?) nunca habíamos tenido una oportunidad tan grande de pasar a la historia de la ciencia como cuando descubrimos estas “tierras raras”. Es bastante cierto que el científico busca pasar desapercibido con el mismo ahínco con que el que quiere salir en todas las revistas especializadas.

Presentamos aquí, una pequeña colección de oficios paisajistas que pueden encontrarse en el territorio que hemos descubierto. Decimos una pequeña colección porque sin duda hay muchos más que se han ido creando y desarrollando sin nuestra atención y/o consentimiento (y es que lo suyo es potenciar la primera y olvidarse completamente de lo segundo). Estos oficios, por lo que hemos podido observar, están lejos de pertenecer a “élites” o “gremios” cerrados. Si hay algo que los caracteriza, es que a su vez crean más oficios, haciendo de los usuarios del paisaje los protagonistas.

Sin más…

1. Los músicos paisajistas

Personajes que habitan en “La isla musical”, situada en algún lugar de “La laguna solar”. La única forma de dar con esta curiosa isla es no buscarla con demasiado interés ya que aunque le gusta darse a conocer como lugar es muy tímida, sin que esto sea una paradoja.

Se sirven de diversos instrumentos para producir melodías:

Los instrumentos de “pisada”, distribuidos por toda la isla y según su textura, material y grado de dispersión, pueden sonar de distinto modo:

– TOP TOP! (las burbujas de hormigón)

– TGGG TGGG! (la arena)

– FSSSP! FSSSP! (el césped)

– TUD TUD! (el  caucho)

– CLOC CLOC! (la madera)

– JRRR JRRR! (el vidrio reciclado)

– CRRK CRRK! (las agujas de pino)

Los instrumentos de viento, cuyo sonido se puede prever según la estación del año. Los instrumentos de invierno suenan con el viento de invierno, y los instrumentos de verano con la brisa de verano, debido a la colocación estratégica en algunos puntos del lugar.

Como se ha dicho, se conoce a ciertos habitantes de la Isla Musical como “músicos paisajistas”, pero en realidad todos los que habitan la isla pertenecen a dicha categoría. Lo mismo se puede decir de los visitantes.

Es un alivio saber que en esta ciudad todos son músicos.

2. Los cultivadores de agua:

Habitantes de “La montaña que produce agua” , situada al suroeste de “La región de piel de tiburón”. Su misión es la de recolectar el agua que crece en el huerto acuático, situado al pie de la montaña, para transportarla a las regiones más secas. A lo largo de los días se puede observar como se van hinchando unas burbujas que salen del suelo,  y cuando llegan a su madurez, son arrancadas por los cultivadores de agua. Para obtener este fruto, el agua ha tenido que bajar por la ladera de la montaña, donde crecen diversas plantas macrofitas que actúan a modo de depuradora natural de las aguas de lluvia y  residuales de la ciudad. Captan los elementos contaminantes para acabar desembocando en  “La Laguna Solar” y “El jardín acuático”, donde se cultivan plantas acuáticas que ayudan a mantener el agua limpia. Finalmente acabará regando el huerto.

Pessoa, dicen, durante uno de sus numerosos viajes escribió tres libritos de poemas en la montaña que produce agua, cada uno debido a un heterónimo diferente. Nunca fueron publicados oficialmente.

3. Los jardineros eólicos:

Especie que habita en “La región de piel de tiburón”, lugar que coexiste con “La Ladera de las Chimeneas Térmicas”, situado al sur de “La Montaña que produce agua” y al norte de “La Laguna Solar” y “El jardín acuático”. Como a ellos mismos les gusta decir, producen ríos de brisas, embalses de calma y esponjas de viento, al moldear y cultivar los vientos estacionales y las brisas valle-montaña. Para ello se basan en la configuración del paisaje. Aprovechan las brisas  originadas por la variación de la incidencia de los rayos solares sobre una superficie inclinada a lo largo del día . Según la trayectoria solar se va generando un flujo de aire producido por la diferencia térmica diaria. Ayudados por la vegetación y disposición de diversas construcciones estratégicamente situadas, consiguen que la ciudad funcione como la piel de un tiburón: en un sentido deja pasar el flujo de brisas de verano acariciando el paisaje para refrescar y en el otro sentido, impide el paso del viento de invierno a través de escamas y vegetación absorbentes.

Estos profesionales también ejercen su labor en “El bosque de las chimeneas de viento” situado en la misma región. Crean viento en el interior de los espacios introduciendo el aire a través de unas torres  con altura, dimensiones y orientación adecuada. El viento, libre de polvo por proceder de las capas altas de la atmósfera, pasa a través de ellas. Cuando no sopla el viento, se crea una diferencia de presión por la existencia de un patio interior de tal forma que,  las torres succionan el aire del edificio. Si no hay brisas, las chimeneas las crean, ¿porqué no?.

El lugar es idóneo para escribir algún haiku en compañía de los seres queridos.

La primavera

Un rostro envejecido

Sopla el viento

4. Los recolectores solares

Se enorgullecen de ser los encargados de suministrar calor a la ciudad. Para ello se sirven de una cámara de vidrio, en cuyo interior se encuentra un entramado de aluminio. Esto permite ver el cielo a la vez que capta energía solar. Luego será transmitida a “La laguna solar”, donde se acumula el calor obtenido, para posteriormente utilizarlo en la creación de agua caliente sanitaria y para suelo radiante.

Cuando algún personaje famoso quiere desaparecer de la vida pública (ya sea fingiendo su propia muerte o desvaneciéndose directamente) el sitio de destino por excelencia es “La laguna solar”.

 

 

 

 

 

5. Los perfumadores estacionales

Lo más divertido de los perfumadores estacionales (que por cierto viven en “La isla fragante”, situada en el jardín acuático, al este de “La región de piel de tiburón”) es que convierten a toda la población en “olfateadores estacionales o “metereólogos olfativos”  al ser capaces de predecir el tiempo según el olor.  De este lugar provienen los aromas de toda la región, cuyo origen se encuentra en los jardines de la isla, dispuestos de manera estratégica  de tal forma que, cuando se aproximan tiempos cálidos, flote en el ambiente un aroma a limón, procedente de plantas aromáticas situadas al paso de las brisas de verano. En cambio, cuando es tiempo de frío, el aroma es dulzón y afrutado, debido a las plantas aromáticas situadas al paso de los vientos de invierno. Es entonces cuando los niños dicen que ése es el olor de los Árboles de Navidad.

 

 

 

6. Los recicladores compulsivos

Están por todas partes. Se reconocen por su afición a llenar el espacio con objetos creados a partir  de otros en desuso. Últimamente se le ha visto fabricando una lámpara  a partir de:

-Un tubo de cartón  grueso (procedente de algún envío por correo de planos)

-Un trozo rectangular y alargado de plástico translúcido o papel vegetal

-Un clip

-Componentes eléctricos (procedentes de algún aparato en desuso)

Lo malo (y lo bueno) de estos personajes es que cuando algo no les vale y lo desechan lo vuelven a coger inmediatamente para hacer otra cosa nueva con ello.

7. Los cocineros solares

Personajes de naturaleza nómada, que atraviesan regiones desérticas y se sirven de varios artilugios de creación propia para conseguir agua de la nada y cocinar diferentes alimentos todo ello con la ayuda del sol. Suyos son:

-La balsa solar transportable

-La cocina solar

-El neumático cocinador

Es de suponer que habrá muchos más de estos oficios dentro de el territorio descubierto. Si hay algo que un investigador quiere y detesta al mismo tiempo es un sistema dinámico que no deja de crecer y cambiar (como es el caso). Lo quiere, porque su curiosidad nunca será satisfecha. Y lo detesta, porque su curiosidad nunca será satisfecha.

 

Después de esto, uno no puede evitar preguntarse de nuevo qué va a hacer con su vida. Sea cual sea la respuesta los vecinos no van a dejar de discutir.

(Texto de  Mónica García Fernández, Javier Rubio Montero de “cómo crear historias” y Luis Miguel Pérez Mora, publicado en VIA Arquitectura, nº14, pag 124-129)

(Ilustración: mapa cognitivo del territorio  “Especies de Oficios”, cartografiado por Mónica García Fernández + Javier Rubio Montero de “cómo crear historias” y  publicado en  VIA Arquitectura, nº14, pag 124-129)

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